Sesión 3. Conclusión de la Sesión 3 en relación con la Sesión 1 de ABP: los modelos teóricos

 

Los modelos teóricos


Tras haber trabajado el material que se nos ha ofrecido para esta tercera sesión de ABP y haber debatido juntos e intentado indagar más sobre la evaluación psicológica de la personalidad y principales herramientas empleadas para ello, llegamos a una conclusión que se asemeja enormemente a la que resumimos tras el trabajo en la primera de las sesiones para la asignatura. 

En esa primera sesión trabajamos los modelos teóricos en la evaluación psicológica y estudiamos las bases en que se asentaba cada uno (modelo del atributo, conductista, dinámico, constructivista). Pudimos ver cómo, a lo largo de la historia, la sucesión de los distintos modelos había aparecido como una alternativa mejor/superior y excluyente al anterior modelo en vigor o, al menos, así fue durante muchos años. Es decir, las debilidades o desventajas que presentaba el modelo conductista, por ejemplo, llevaron a pensadores y psicólogos a la generación de un método que, a su parecer, cubriera esas otras cosas que el anterior tenía como faltas. 

No obstante, el paso del tiempo dio a ver, y esto es cada día más evidente, cómo cada uno de los modelos es capaz de ofrecer útiles enfoques y maneras de trabajar para un psicólogo en evaluación de un paciente y cómo unos no son motivo de exclusión de los otros, sino que pueden integrarse y ofrecerse así un abordaje más integrador y enriquecido.

De la misma manera, durante nuestro estudio para esta tercera sesión de ABP de los distintos modelos de técnicas empleadas en la evaluación psicológica de la personalidad, hemos comprobado como la mayoría de autores se decantan radicalmente por uno u otro modelo. De esta manera, por ejemplo, hay quienes abogan absolutamente por las medidas psicométricas y radicalmente critican el uso de medidas proyectivas, a las que achacan alto nivel de subjetividad o abstracción; pero, también al revés, hay quienes piensan que la formación de los psicólogos debe enfocarse cada vez más en el entrenamiento de técnicas proyectivas, dejando las psicométricas, excesivamente objetivas y estructuradas, a un lado.

En nuestra opinión, de nuevo, un enfoque que englobe e integre pruebas de distinta modalidad puede ofrecer resultados más informativos y amplios en la evaluación psicológica de la personalidad. De hecho, pensamos que hay aspectos de la personalidad más fácilmente evaluables mediante unas pruebas y, otros, que requieren la puesta en marcha del individuo mediante pruebas más basadas en su actuación (esto lo permiten generalmente las proyectivas) y, por tanto, más fácilmente evaluables mediante otro tipo de pruebas.

Nuestra conclusión final para esta y las tres sesiones de ABP en este sentido es la necesidad de echar la vista atrás a los avances que se han sucedido a lo largo de la historia de la psicología de la evaluación y rescatar todas aquellas aportaciones en que puedan esconderse ideas útiles y válidas para hacer del entorno y resultados de la evaluación más eficaces y exhaustivos. Además, consideramos un reto altamente difícil pero absolutamente necesario el hecho de que los psicólogos, a nuestro parecer, debieran formarse y tener una base tanto de todos los modelos teóricos que existen, aunque luego en su labor se decanten más por la aplicación de uno u otro, y de todas las tipologías de pruebas de evaluación que se ofrecen. De esta manera, al igual que podrán si tienen la formación adecuada amoldarse a distintas situaciones culturales (esto con respecto a la sesión 2), podrán, en este caso, abordar la evaluación de la personalidad de pacientes con distintas necesidades y más enfocados hacia una u otra demanda de evaluación. 




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